La segunda parada del Club Gourmet fue El Buen Sabor. Este es el único restaurante africano de Buenos Aires y abrió sus puertas a mediados del 2008 en el barrio de Villa Crespo. Es un lugar simple y con escasa ambientación y cantidad mesas. La atención es muy buena (provista por su dueño Maxime Tankouo, un ex futbolista camerunés de 32 años) y rápida.
La cocina de Camerún se caracteriza (según explica el menú) por cocciones prolongadas (entre 35 y 40 minutos) y sabrosamente condimentadas. Es así que con ingredientes muy sencillos (vegetales, legumbres combinadas con carnes rojas, pollo o pescado) se logran platos más que deliciosos, extremadamente abundantes y muy calóricos. A duras penas pudimos terminar los dos platos que pedimos, acompañados de rodajas de pan y salsa.
Uno de los platos degustado fue el frito de porotos con carne, acompañado de tapioca frita, similar a la feijoada brasileña. Y el otro, el bobotie (pastel de carne con variedad de especias, almendras y pasas), que podría groseramente compararse a nuestro pan de carne.
No llegamos al postre, ya que los platos nos llenaron muchísimo. Es cierto que tampoco había mucha variedad para elegir, siendo lo más interesante una ensalada de frutas medianamente exóticas. El costo total de la comida fue de $92, a razón de $46 por comensal.
Hace alrededor de 5 meses que no actualizo mi blog. Eventualmente llegué a pensar que los blogs pasaron de moda, en un mundo donde publicar contenidos es cada vez más fácil a través de Tumblr, Twitter, etc. Durante mucho tiempo escribí de cine, de teatro y de otra alguna ñoñada que se me ocurría relacionada con el mundo online. En la búsqueda de un nuevo tema para escribir, fruncí mi mente y lo primero que surgió es una de las pasiones que más me entretiene y me gusta compartir con la gente querida: ¡la comida!
Soy sinceramente un cero a la izquierda en la cocina. He llegado a quemar alimentos en el microondas. Sin embargo, me encanta comer y probar nuevos sabores. Hace una semana, viendo una nota en @planetajoy sobre los restaurantes étnicos menos conocidos de Buenos Aires, me iluminé con la idea de recorrerlos todos – desde la comodidad de la ciudad. Idealmente, y considerando que hay 202 países en el mundo (cifra que puede cambiar según los vaivenes geopolíticos), hay bastante tela para cortar. El objetivo de este club – denominado con el hashtag #clubgourmet – será dar la vuelta al mundo a través la cocina, acercándose muchas veces a sabores no tradicionales y en lugares muy lo posible lejos del sintético Palermo Soho/Hollywood. La Argentina, construida gracias a una generosa inmigración, posee diversas colectividades que a través de clubs brindan a los hijos y nietos de inmigrantes la posibilidad única de saborear comidas autóctonas como si estuvieran en su lugar de origen. Es por eso que en preferencia, el Club Gourmet intentará siempre por sobre todo a acercarse a estos lugares bien auténticos y afortunadamente, pagar un muy buen precio por un delicioso almuerzo.
La primer parada del #clubgourmet fue Hungaria. La elección fue bastante random, pero considerando que la comida de este país es bastante calórica, no hubo mejor opción para acompañar el incipiente frío de otoño. El lugar: Club Hungaria, ubicado en La Lucila, Partido de Vicente López. El restaurante se encuentra en un amplio salón dentro del club donde se reúne la comunidad húngara. Se respira un ambiente muy tranquilo y familiar. Con una decoración modesta, en la que abundan elementos como trajes, cuadros y vajilla en las paredes, posee mesas suficientes para albergar a un público que sólo llega con reserva y que se ubica a una distancia justa para evitar que las conversaciones entre mesa y mesa se mezclen.
El menú es en sí bastante acotado: en la primer hoja se ve toda la comida sin diferenciación de entradas ni platos principales y en la segunda, postres y bebidas. Sin dudarlo, @fonchi, @mxba y yo pedimos tres platos para compartir: Gulash con Spaetzle, el plato húngaro por excelencia que consiste en un guiso a base de lomo vacuno o cerdo o mixto con una salsa muy sabrosa, lomo a la Strogonoff y salchichas con chucrut (hojas del repollo fermentadas en agua con sal). Todos los platos estaban deliciosos, abundantes y frescos, en especial el lomo, cuya carne estaba tan tierna que nos sorprendió por igual a los tres. La carta de vinos era más que limitada, por lo que decidimos acompañar la comida con cerveza roja Zepellin. A la hora de los postres, optamos por el Strudel de manzana, una deliciosa torta con base de nueces y otra más clásica de chocolate (Rigos). Por supuesto que el Strudel fue el postre que se llevó la mayor cantidad de cuchareadas. El costo total del almuerzo fue $170 + propina, o sea, que por tan sólo $57 por comensal pudimos saborear una fabulosa comida típica.