Ok, Esperando la carroza 2 es lo que temía que podía llegar a pasar. Una secuela mediocre de una película increíble. La pregunta es… por qué Esperando la carroza (1) es tan buena. ¿Será la dirección? ¿Será que fue la coincidencia de grandes como Gasalla y la China Zorrilla? Sea lo que sea, en esta segunda parte nada de la magia sucede. La insinuación se convierte en vulgaridad, o los diálogos divertidos, se vuelven predecibles, y los personajes, representados en su mayoría por los mismos actores, están en un vortex atemporal enroscado – quiero decir, algunos muy viejos, otros no tanto, pero el collage es bizarro, excepto por Betiana Blum, que parece estar plastificada, y Brandoni, quien mantiene cierta ludicez mental luego de 24 años cómo para reconstruir un personaje coherente.
Es ligeeeeramente divertida, pero el argumento se estira como chicle; no parece muy elaborado, lo cual me sorprendió bastante ya que la escribió el mismo autor, Jacobo Langster. La primera escena ya empezó con un ” me estoy cagando” y la gente se rió mucho. Pero no se puede hacer una película decente en base a gags. Al menos, no en este siglo. Calificación: mala…
Como una mecha encendida, el deseo recorre las calles de la ciudad dormida y en sus destellos, hace brillar los ojos de los amantes ocasionales. Un cruce de miradas en un autobús y el resto es sólo animarse. Un corto que retrata esa extraña sintonía entre extraños, las charlas después del sexo, cuando se está libre de la calentura y sólo queda empezar a conocerse.
Dirigido por Thiago Carlan y Martín Deus
Música de Manuel Santos
Idioma: portugués con subtítulos en castellano.