
El miércoles fuimos con Cintia a ver Estrellas al Abasto. La peli es un documental de 64 minutos sobre un grupo de habitantes de la Villa 21 quienes descubren que actuando de sí mismos y utilizando sus casas como decorados, pueden encontrar una salida artística y laboral. Se mezclan con actores profesionales y ocasionales, directores de cine, poetas villeros y productores extranjeros. Todos involucrados en un mismo proyecto artístico. El documental rescata la figura de Julio Arrieta, quien viene a ser una especie de manager de los villeros. Julio argumenta que en la ficción los pobres son mejor representados por pobres de verdad que “por actores rubios pintados de negros” (sic). Imperdible también la confrontación de Adrián Caetano (director de Tumberos), contra la AAA (Asociación Argentina de Actores), que le recrimina la aparición de personas sin formación actoral en sus filmaciones. Calificación: muy buena, del nuevo cine argentino, pero del nuevo en serio.

La foto de arriba tomada en el fin de semana que pasó en Federación, Entre Ríos. Abajo, no se ve mucho, pero ahí está la papelera Botnia de fondo… De más está decir que en Gualeguaychú hay pintadas por todos lados con un gran NO a las PAPELERAS.
El martes fui a ver La brújula dorada, una película que cuenta con las actuaciones de Daniel Craig, Nicole Kidman y otra niña precoz y famosa llamada Dakota algo. Nicole hace una villana muy divina, pero desgraciadamente yo esperaba mucho más de la película. Lo que más me desagradó fue ese horrible e imprevisto “no final“, y enterarme que forma parte de una trilogía llamada La materia oscura. La obra en sí es una crítica al dogmatismo de la religión, y por eso ha despertado bastante polémica en la Iglesia Católica. El film logra en un principio generar en el espectador cierta fascinación cuya intensidad no podrá mantenerse a lo largo de casi dos horas de proyección, un poco porque las aventuras se reiteran, se resuelven a los apurones y aparecen deshilvanadas, y otro poco porque se va perdiendo el impacto de lo novedoso junto con la coherencia del hilo central. Calificación: regular tirando a mala pero salvada por buen elenco y efectos especiales.
¿De qué trata? En un mundo paralelo donde las almas humanas toman la forma de animales, Lyra Belacqua tiene 12 años y es una huérfana rebelde que vive en el Jordan College de la ciudad de Oxford. Pero el mundo de Lyra está cambiando. El supremo cuerpo de gobierno llamado el Magisterium está presionando a la población. Sus maniobras han dado lugar a una ola de secuestros de niños por una fuerza misteriosa llamada los Gobblers.
El domingo fuimos con Max y su amiga Silvia a ver La fabulosa historia de los inolvidables Marrapodi. Ya la había visto el año pasado en el Teatro de la Ribera, y fue de hecho mi primera obra del grupo Los Macocos. La obra se estrenó originalmente en el Teatro San Martín en 1998. La música original de la puesta es de Jorge Maronna, integrante de Les Luthiers, lo cual no es casual, ya que ellos llevan su impronta: ejecución de instrumentos musicales en el escenario (aunque convencionales: flauta traversa, piano, clarinete, guitarra), por el empleo del sentido literal y figurado de palabras y frases para lograr el efecto cómico, por la parodia de la formalidad en las presentaciones.
Los cuatro actores (Daniel Casablanca, Martín Salazar, Gabriel Wolf y Marcelo Xicarts) aparecen delante del telón para anunciar la historia que van a contar: la de los Marrapodi, una familia de artistas. Una vez descorrido el telón, la boca del escenario se convierte en una “caja negra” que revelará en el desarrollo de la obra la historia de nuestro teatro nacional, en clave humorística y bajo la dirección de Javier Rama. Los personajes femeninos están a cargo de Daniel Casablanca, impecable como siempre.
Los Marrapodi desembarcaron en el puerto de Santa María de los Buenos Aires en 1672 y llevaron una vida de frustraciones. Representaron una obra única o mejor dicho, una única obra, que se vieron obligados a reescribir al ritmo de los cambios que se sucedieron a lo largo de 300 años: el entremés callejero, el clásico español, la zarzuela, el circo criollo, el sainete, el grotesco, el realismo y la revista. La recuperación del honor o de una posición económica, el matrimonio por conveniencia, la lucha entre el verdadero amor y el impuesto por el padre, son temas de todos los tiempos. Calificación: muy muy buena.
Fuimos al Festival Buen día con Cintia, en el Planetario de la Ciudad de Buenos Aires. Es un evento cultural de arte independiente contemporáneo. Se inició en 1999 y desde entonces se realiza todos los años para que músicos, diseñadores y productores culturales celebren un encuentro al aire libre junto a miles de jóvenes. Recorrimos la feria de chucherías de diseño, y vimos tocar a Rosal (muy copados!) y a la divertida Juana Molina, que pobre siempre lucha para que le pongan bien el audio. Muy bueno este evento! ^_^
Un poco de Juana:
Un poco de Rosal:
“Cuando miro hacia atrás, el Jardín es un sueño para mí. Era hermoso, sorprendentemente hermoso, mágicamente hermoso; pero ahora está perdido y no volveré a verlo nunca más. El Jardín está perdido, pero lo encontré a él y estoy contenta. Él me ama tan bien como puede; yo lo amo con toda la fuerza de mi naturaleza apasionada, y esto, creo yo, es propio de mi juventud y de mi sexo. Si me pregunto por qué lo amo, me doy cuenta de que no lo sé, y realmente no me importa demasiado saberlo; así que supongo que esta clase de amor no es producto del razonamiento y de las estadísticas, como el amor que uno le tiene a los otros reptiles y animales. Pienso que debe ser así. Amo a ciertos pájaros por su canto; pero no amo a Adán por su canto -no, no es eso; cuanto más canta, menos me gusta-. Sin embargo, le pido que cante, porque quiero aprender a amar todo lo que a él le interesa. Estoy segura de que puedo aprender, porque al principio no podía soportarlo y ahora puedo. Puede llegar a cortar la leche, pero no importa; puedo acostumbrarme a la leche cortada.” Extracto.
El jueves fuimos con Max a ver el El diario de Adán y Eva, protagonizada por la impecable China Zorilla y Carlos Perciavalle, en el Teatro El Nacional. ¡Qué teatro Dios mío! Estaba el sillón del beso de Dalí y otro muy siglo XIX que no recuerdo el diseñador… anyway, no creo que sean auténticos, pero qué lujo (qué increíble lo que puso Alejandro Romay para levantar este teatro). El texto es de Mark Twain (el mismo de las aventuras de Tom Sawyer, sí señores). Y China lo trae en formato musical. Como bien dice el título, cuenta los primeros días de Adán y de Eva en el paraíso, y claro, la expulsión del mismo luego de morder la manzana prohibida. Mucha ternura envuelven a estos seres que se van conociendo y no se entienden mucho, pero que se aman y desean. En la pieza los actores hablan de la pareja, del paraíso, del pecado original y de cómo el primer hombre y la primera mujer crearon la especie humana. Es una obra ingenua , pero al mismo tiempo pícara y muy emocionante. Calificación: excelente, y China se p-a-s-a.
Adán: “donde quiera que ella estuviese, allí estaba el Paraíso.”