
El sábado a la noche fui con Toto a ver La celestina, interpretada por Julieta Díaz, Sergio Surraco y Elena Tasisto. Casi casi la perdemos, porque pensé que era en el Cervantes, así que tuvimos que cruzar rápidamente de Av. Córdoba al 1500 al 6000 para poder llegar al Teatro Regio. La obra es una adaptación de la titulada primero Comedia de Calisto y Melibea el siglo XVI, y después Tragicomedia de Calisto y Melibea. En principio, cualquier adaptación de un texto tan antiguo (pero tan vigente en la temática como es el amor), lleva un precio a pagar: esa sensación rara de que la gente no habla o se expresa de dicha manera en la actualidad. Quizás en esta obra, el abuso de las frases extensas y rebuscadas junto a un tono monoacorde de voz genera por momentos cierta sensación de tedio, y adormece ciertamente la capacidad de atención de cualquier ser humano para seguir palabra a palabra. Al menos para mí, es vital que cada palabra que se diga, llegue a lo más profundo, o eso es lo que más me gusta en teatro. Por otro lado, el acompañamiento musical es el justo y la puesta en escena se sirve muy bien del recurso de la video instalación. Las actuaciones están muy bien, una Melibea almidonada, una celestina que intima bien con un público, y Calisto, zafa. Calificación: recomendable.
¿De qué trata? Gira alrededor del amor entre Calisto y Melibea. Éste se concreta gracias a la intervención de una vieja prostituta y alcahueta profesional que le da el título a la obra. Se trata de un clásico sobre el “loco amor”, la codicia y la muerte.
“No sos una mala persona, sólo pensás demasiado”
El sábado a la noche fuimos con Gaby y Meli a ver Crave, penúltima obra de la ya difunta autora inglesa Sarah Kane. Crave significa necesidad, urgencia, suplicar con vehemencia. Ahí es donde radica el eje de la obra. Cuatro personajes, o más bien, cuatro voces, que no se miran, pero que se responden, y que retratan aspectos célebres de la desdicha del amor. No hay movimiento, ni dinamismo, ni evolución, sólo los gritos desesperados de cada uno. Es teatro puro del más alto nivel, donde el actor hace vibrar cada palabra como si el texto mismo fuera un poema polifónico.
El teatro de Kane, y en particular esta obra, apelan al suicidio, soledad, desamor, crueldad y al dolor; sin embargo no pretende escandalizar sino mostrar lo enfermo y poético que luchan en su mente. Una puesta mínima, justa y necesaria, cuatro actores fabulosos. Calificación: excelente.
Curiosidad
Cuando Kane escribió Crave bajo el pseudónimo de Marie Kelvedon, inventó la siguiente nota bibliográfica:
Marie Kelvedon tiene veinticinco años. Creció en Alemania en una base del Ejército Inglés y volvió a Inglaterra cuando tenίa dieciseis para completar sus estudios. Fué expulsada del colegio St Hilda en Oxford, después del primer año por cometer un acto de inexplicable Dadaismo en el comedor del colegio. Sus historias cortas han sido publicadas en varias revistas literarias europeas y tiene un libro de poemas Onzuiver (Impureza) publicado en Bélgica y Holanda. Su debut en el Festival Alternativo de Edimburgo fue en 1996, un happening espontáneo detrás de la ventanilla del servidor de platos de un restaurante para una audiencia de sólo una persona. Después de dejar la prisión de mujeres trabajó como taxista, como preparadora de escenarios para el grupo los Manic Street Preachers y como presentadora de programas de radio para la BBC Radio World Service. Ahora vive en Cambridgeshire con su gato Grotowski.
El sábado a la noche fui a ver La señal, película en la cual actúa Ricardo Darín (muy buen actor), Diego Peretti y Julieta Díaz. Este film iba a ser dirigido por Eduardo Mignogna, quién falleció durante la preproducción, y Ricardo Darín se hizo cargo del proyecto, transformando la película en su debut como director. Por lo tanto, la película cuenta con cierta carga emocional por haberse continuado el proyecto post mortem. El resultado… bueno, digamos que no me pareció fantástica, y es en la dirección, edición y post producción donde parece decaer más, amén de que la historia está desdibujada y es demasiado predecible. Lo rico está puesto fundamentalmente en la ambientación (no es tan fácil disfrazar a la Buenos Aires actual como para que parezca de 1952). Calificación: para ver en DVD un sábado a la tarde.
¿De qué trata la historia? Es 1952, el detective Corvalán y su compañero Santana son contratados por una hermosa mujer que desea que investiguen a su marido. Mientras avanzan con la investigación, se dan cuenta que nada es lo que parece y que el caso está plagado de traiciones y violencia.
Ha reabierto sus puertas el Parque de la Ciudad. ¡Qué emoción! ¡Cuántos recuerdos de la infancia! Las atracciones de vértigo han sido reemplazadas por talleres culturales – por razones de seguridad – y la torre está clausurada. Sábados, domingos y feriados de 13 a 18 horas. El costo de la entrada es de $ 1.- e incluye todas las actividades y los juegos mecánicos habilitados. O sea, ninguno. ¿Reabrió el Parque de la Ciudad?
Fetiche es la nueva obra de José María Muscari, mi director-artista favorito, quién logró adaptar Electra de Sófocles a un ritmo moderno y electrónico junto Carolina Fal. Con un fabuloso manejo de lo kitch y sensibilidad para desgarrar lo convencional del teatro, Fetiche se enmarca dentro del Proyecto Biodrama, una propuesta que impulsa a dramaturgos a crear ficción con la única consigna de que esté inspirada en personas vivas, en historias de vida reales. La apadrinada por José fue Cristina Musumeci, una mujer fisiculturista argentina, teóloga y diplomada en salud sexual. Para lograr conocerla realmente, o más bien entender sus distintas facetas, Muscari disecciona a Cristina en 6 mujeres encarnadas por:
Edda Bustamante, como la impronta y la voluptuosidad sexual.
Maria Fiorentino, como el intelecto, la teología y lo filosófico.
Hilda Bernard, como la vejez imaginada y proyectada.
Mariana A, como la transgresión y la ambiguedad.
Julieta Vallina, como la relación con la comida y los estados políticos.
Carla Crespo, como la juventud, sus dudas de casamiento y sus inicios como catequista.
La obra me pareció genial y me encantó conocer a una persona que no hubiera abordado por otro camino. Seis Cristinas son una Cristina, más imágenes proyectadas y música aeróbica a tono. Lo único que no me gustó de la puesta fue el lugar donde estaba la pantalla, que si bien ocupaba un segundo plano en la presentación, me distraía el ir y venir de la mirada para no perderme nada. Muscari, aún en el teatro oficial, mantenés tu esencia y genialidad. Espero seguir viendo muchas más geniales creaciones de tu mano.
El domingo fui con Max al Showcase de Belgrano a ver Duro de Matar 4.0. Ciertamente existen pocas películas de acción que me hayan gustado, y las excepciones son las Duro de Matar. Esta cuarta (¿y última?) está afortunadamente al nivel del resto de la serie.
El título en USA es Live free or die hard in America, pero para el resto del mundo se le dio esta graciosa denominación “cuatro punto cero”, para connotar el mundo virtual/Web. Es a través de las redes donde se desarrolla gran parte del meollo de la película: un villano-hacker, con acceso a los principales sistemas informáticos de Estados Unidos, pone en vilo al país al hacer sistemáticos ataques que desestabilizan la seguridad nacional. Ahí es donde entra nuestro héroe Bruce Willis, con la cyber ayuda de un nerdu informático.
La peli cuenta con muchos, pero muchos, hasta casi increíbles efectos especiales y dobles de acción rebotando de acá para allá, pero la historia se sostiene y no termina siendo un mero estallido de fuegos artificiales. Y Bruce compone un maduro y atractivo personaje, que tan bien le calza a su persona. Calificación: muy buena.
¿De qué trata? Durante el fin de semana de celebración de la independencia John McClane, detective de Nueva York, tiene que realizar una misión de rutina. Debe trasladar a un joven pirata informático para que sea interrogado por el FBI. Pero para McClane esta simple misión será sólo el principio de un peligroso enfrentamiento con un grupo de terroristas informáticos, quienes quieren atacar al gobierno de los Estados Unidos.